Conoce los requisitos y riesgos de un préstamo entre particulares, incluido el plazo de devolución y cómo protegerte si no devuelven el dinero, en nuestra…
Por el equipo de Legia· verificado con fuentes oficiales
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¿Qué es un préstamo entre particulares?
Un préstamo entre particulares es, simplemente, cuando una persona le presta dinero a otra —sin que intervenga un banco ni una entidad financiera— y ambas acuerdan que ese dinero se devolverá, normalmente con unos términos claros: cuánto, cuándo y cómo.
Imagina que tu vecino Carlos necesita 1.500 € para arreglar la caldera de su piso y te pide prestado ese importe. Tú aceptas, y acuerdan que lo devolverá en tres meses, sin intereses. Eso es un préstamo entre particulares. También lo sería si tu hermana te pide 3.000 € para pagar una matrícula universitaria y os ponéis de acuerdo en devolverlo en 12 plazos mensuales de 250 €.
No es algo raro ni ilegal: es una práctica muy común entre familiares, amigos o conocidos. Pero aquí está la clave: aunque no haya un banco de por medio, el préstamo sigue siendo un contrato legal, y eso implica derechos y obligaciones para ambas partes.
Mucha gente piensa: “Es mi primo, confío en él, no hace falta nada por escrito”. Y eso puede parecer amable… hasta que no se devuelve el dinero. Porque sin pruebas claras, demostrar que hubo un préstamo (y no un regalo, una inversión o un pago por un servicio) se vuelve muy difícil.
La buena noticia es que hacerlo bien no requiere abogados ni notarios en todos los casos. Solo exige entender dos ideas básicas:
Qué dice la ley sobre estos préstamos, y
Qué pasos prácticos puedes dar para protegerte —sin romper la confianza ni sonar desconfiado.
¿Qué dice la ley? El contrato de préstamo según el Código Civil
En España, los préstamos entre particulares están regulados por el Código Civil, la ley que rige las relaciones personales y patrimoniales entre ciudadanos. No hay una ley aparte para “préstamos entre amigos”: todo se rige por las mismas reglas que cualquier otro contrato civil.
“El préstamo es un contrato por el cual una de las partes entrega a la otra una cantidad de dinero o cosas fungibles, para que ésta las use y restituya otras tantas del mismo género, calidad y cantidad.”
Traducido al lenguaje cotidiano:
Una persona (el prestamista) entrega dinero (o cosas que se pueden medir por cantidad, como kilos de trigo o litros de aceite).
La otra persona (el prestatario) lo usa como quiera.
Y se compromete a devolver la misma cantidad —no la misma moneda física, sino el equivalente: por ejemplo, 2.000 € en efectivo o transferencia, aunque el dinero prestado fuera en billetes de 50 €.
Fíjate: este artículo no exige intereses, ni plazos, ni forma escrita. Pero sí establece que la obligación de devolver existe desde el momento en que se entrega el dinero, incluso si no se firma nada.
Ahora bien: ¿qué pasa si no hay acuerdo claro sobre cuándo devolverlo? Aquí entra en juego el CC art. 1756:
“Si no se hubiere señalado plazo para la devolución, podrá exigirse ésta en cualquier tiempo, pero dando al prestatario un plazo razonable para cumplir.”
Esto significa que, aunque no hayas puesto fecha de devolución, tienes derecho a pedir el dinero cuando quieras —pero debes darle un margen justo para prepararse. ¿Qué es “razonable”? Depende del caso:
Si prestaste 500 € a un amigo que trabaja por horas, quizá 15 días sean suficientes.
Si fueron 10.000 € a un familiar que perdió su empleo, podrías darle 2 o 3 meses.
Lo importante es que el plazo sea proporcional, realista y comunicado por escrito (por WhatsApp, correo o carta certificada).